La teoría que te explica a qué edad conocerás al amor de tu vida

De todos los demonios del mundo, el amor es el más ambivalente. A veces se empecina en arrollarnos y otras en elevarnos a lo más profundo del cielo.

Este terrible pero hermoso diablo nos sorprende a todos, en algún momento de nuestra vida, con pensamientos parecidos a estos: ¿Dónde está la mujer destinada para mí? ¿Dónde está el hombre que me hará sentir que vivo fuera de este planeta? ¿Qué estará haciendo en estos instantes el amor de mi vida? A veces, el demonio del amor se burla de cada una de nuestras preguntas: le parecen infantiles, azarosas o disparatadas. Sin embargo, todos nos empeñamos en seguir las señales que nos llevarán al encuentro con esa persona –el amor de nuestra vida– cueste lo que cueste.

Algo así les ocurre a los personajes centrales de la novela “1Q84” del autor japonés Haruki Murakami. Tengo Kawana y Masami Aomame, personajes principales del libro. Se conocen desde la niñez pero en algún punto de sus vidas se separan hasta que ninguno sabe nada del otro. Cuando ambos se sumergen de manera fantástica en un mundo conocido como “1Q84”, una fuerza interna los hace buscarse a pesar de no tener idea de dónde se encuentra cada uno. En ese nuevo universo los dos tienen la seguridad de que su destino es estar en los brazos del otro; saben que deben reencontrarse, a sus 30 años, para no volver a separarse jamás.

El verdadero amor se conoce después de los 27 años. Todo lo que ocurre antes de esta edad es una preparación para encontrar al amor de tu vida. “Las personas no encontrarán el amor verdadero con las personas que conocen durante el primer 37 % de su vida romántica. Eso significa, que si quieres casarte antes de los 40 años, no encontrarás tu final feliz con las personas con quien sales desde los 15 a los 27 años”, afirma Hannah Fry, matemática de la Universidad de Londres.

Este descubrimiento fue gracias a la aplicación de la “teoría de la paradoja óptima”. En ella, Fry desarrolló un cálculo sobre cuántas personas conoce una mujer o un hombre antes de encontrar a la pareja con la que decidirá quedarse de manera definitiva. Los resultados arrojaron que la gran mayoría encuentra esa estabilidad a partir de los 27 años.

¿Tengo Kawana y Masami Aomame son el mejor ejemplo de ello?

Por supuesto, esto no debe tomarse con el rigor científico que Hannah Fry nos presenta. En muchas ocasiones, el amor está libre de toda probabilidad matemática. Es muy posible que alguien, en este preciso momento en que te encuentres leyendo este artículo, esté al lado de la persona con la que se vislumbra el resto de su vida. Quizá tenga tan sólo 23 o 25 años. Es probable que no necesite conocer a nadie más porque su corazón se siente compenetrado y protegido por su actual pareja. Todo es posible en las relaciones humanas.

Podríamos pensar que nuestros sentimientos no están sujetos a números, algoritmos o ecuaciones que rijan nuestra toma de decisiones. Finalmente, las probabilidades del amor deberían ser libres. Sin embargo, Fry insiste: “Soy la primera en reconocer que el amor y las matemáticas no son precisamente dos aliados naturales. Sé que la emoción del romance no se puede reproducir en una simple sucesión de ecuaciones, pero espero al menos persuadir a la gente de que las matemáticas nos pueden ofrecer una nueva perspectiva en cuestiones del corazón”.

Lo que es cierto es que antes de que encuentres al amor de tu vida pasarás por una serie de experiencias sentimentales y sexuales de lo más variadas que te ayudarán a definir lo que sí quieres en una relación y lo que definitivamente no estás dispuesto a soportar.

El número de parejas sexuales y sentimentales, infidelidades, citas a ciegas, sesiones sexuales de una noche, rupturas dolorosas y demás acontecimientos varía dependiendo de los hábitos y costumbres de una persona. Todo ello va construyendo una perspectiva emocional que se traducirá en la decisión de establecerse de manera definitiva con alguien. En estos factores, las matemáticas poco tienen que ver. Ellas nos pueden mostrar una tendencia de conducta humana, sin embargo, el gran privilegio de hallar a la persona con la que siempre has soñado va más allá de una gráfica. Aquí lo que vale es el momento en el que los ojos de esa persona retumban en tu torrente sanguíneo y te sientes en un mundo aparte.

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