Dime cuántos años tienes y te diré cuántas horas de sueño necesitas

El sueño (la falta de él) es un asunto que preocupa a tanta gente hoy día que casi podríamos hablar de epidemia de insomnio. No solo es un motivo de preocupación la cantidad sino la calidad: ¿notas que hay días en los que has dormido una cantidad aceptable de horas y continúas extremadamente cansada? Existen numerosos factores que afectan a la forma de dormir (el lugar, la hora, la cantidad de luz o de pantallas que tengas a tu alrededor…) pero quizá hay uno que no habíamos tenido en cuenta hasta ahora y es la edad. ¿Sabías que las horas sueño que necesitas varía según cumples años? Y, claro, dormir de más o de menos podría influir también en esa calidad.

Los expertos en esta materia han explicado en numerosas ocasiones que los ciclos del sueño cambian con la edad. Así, los bebés tienen un patrón que a cualquier adulto le parece poco menos que una pesadilla, despertándose cada poco más de dos horas para comer. Pero este ciclo va madurando y evolucionando haciéndose cada vez más regulares. Sí, el consuelo de esos padres que se despiertan varias veces cada noche está en que no conocen a ningún adulto que se levante para comer cada par de horitas.

Así, los niños muy pequeños necesitan entre 11 y 12 horas, los que son un poquito mayores entre 9 y 11, los adolescentes oscilan entre las 8 y las 10 mientras que los adultos tendríamos suficiente con 7 u 8 horas cada noche. En realidad, la cantidad de tiempo tampoco varía mucho desde la más tierna infancia hasta ahora pero lo que cambia notablemente es lo que se conoce como la ‘arquitectura del sueño’. Y su alteración es lo que quizá te esté impidiendo descansar bien.

El sueño no transcurre como una línea recta sino que cada noche el ciclo tiene distintas fases. La fase de sueño reparador, que dura una media hora, alcanza su momento álgido en los comienzos de la edad adulta, de los 16 a los 25 años. A partir de entonces empieza a declinar y, con ello, la calidad del descanso. Por eso los ancianos tienen verdaderos problemas para descansar, porque esa fase reparadora está en su peor momento. Y por eso hoy no descansas tan bien como cuando eras una adolescente: es normal y la propia naturaleza hace que sea así.

Otra cosa es que, además, alteres tu sueño todo aquello que ya se ha determinado que afecta negativamente: cafeína y substancias excitantes, uso de aparatos tecnológicos, cambios hormonales, embarazo, lactancia… Bueno, o algún trastorno diagnosticado, claro. Pero hay una cosa que debemos asumir en el momento en el que se superan los 25 años: nunca más dormiremos como antes y es lo normal.